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jueves, 18 de enero de 2018

SARA TEASDALE – ĒRIKS EŠENVALDS – ONLY IN SLEEP (2.000.000 de visitas)


Al parecer, durante la noche, sigilosamente, quizá sin tan siquiera darse cuenta, alguien ha sido el visitante 2.000.000 de Guerra y Paz, y tras él, unos cuantos miles de personas han seguido atravesando esa delgada línea. Fue en torno al 17 de octubre pasado cuando cruzamos la barrera del millón: en sólo tres meses Guerra y Paz ha recibido un millón más de visitas. Yo, que no soy ni de ciencias ni de letras, sino de notas, me quedo un poco embobado, quiero pensar 2.000.000 pero mi mente se resiste: ¿cuánto es 2.000.000? Y los números resbalan por mi mente, como se desliza veloz y suave un trineo cuesta abajo.

De nuevo, y para celebrar nuestra nueva onomástica, les traigo a quienes son ya dos buenos amigos: Ēriks pone música a un poema de Sara, en esta ocasión: «Only in Sleep»; un viejo amigo de Guerra y Paz me pasó el enlace.

Only in sleep I see their faces,
Sólo en sueños puedo encontrar sus rostros,
Children I played with when I was a child,
Niñas con que jugaba cuando niña,
Louise comes back with her brown hair braided,
Luisa con su pelo marrón trenzado,
Annie with ringlets warm and wild.
Anita con sus cálidos, salvajes bucles.

Only in sleep Time is forgotten.
Sólo en sueños el Tiempo es olvidado.
What may have come to them, who can know?
¿Qué habrá sido de ellas? ¿Y quién puede saberlo?
Yet we played last night as long ago,
En mis sueños jugábamos como ha mucho tiempo,
And the dollhouse stood at the turn of the stair.
La casa de muñecas al volver la escalera.

The years had not sharpened their smooth round faces,
Los años no han endurecido sus caras suaves y redondeadas,
I met their eyes and found them mild.
Me encontré con sus ojos, los encontré muy tiernos.
Do they, too, dream of me, I wonder,
¿Soñarán ellas también conmigo? me pregunto.
And for them am I too a child?
¿Seré en sus sueños yo una niña también?


Teasdale me parece una poetisa de una gran sensibilidad. Qué sugestivas y evocadoras las imágenes que nos brinda con su poema: ¿cómo somos en los sueños, seguimos siendo niños? El Tiempo, esa dimensión que hemos querido capturar los humanos encerrándola en esos chismes redondos que antes hacían tic-tac y ahora sólo parpadean, en esos gruesos tomos llenos de polvo, en esas hojas que caen indefectiblemente una tras otra. Y, sin embargo, basta una noche, basta un sueño para que todo se venga abajo: ya no estamos en el hoy, somos, por unos indefinibles instantes, otros distintos a lo que somos, a lo que creemos ser, volvemos a ser lo que fuimos, vivimos y sentimos lo que creíamos atrás, y descubrimos que es en los sueños en donde somos de una manera más plena, donde presente, pasado, incluso futuro, no son más que quimeras, descubrimos que el tiempo no es divisible, que es sólo una sola cosa, sólo un eterno instante. A veces me veo en un espejo…, ¿quién es ese que me mira? ¿desde cuándo es así quien siento que soy? …

Una vez más expreso mi más sincera y afectuosa gratitud a mi querido amigo Vladimir García, traductor «oficial» de Guerra y Paz, por su brillante traducción.

Y a todos ustedes les doy las gracias por seguir a bordo a pesar de mis prolongados silencios y ausencias; lo sé, paso demasiado tiempo encerrado en mi camarote, enredado en mis cartas de navegación, soñando destinos, buscando imposibles islas, en fin, zanganeando…

Como tantas veces he dicho, no sé qué busca la gente en G & P, sólo puedo imaginar lo que encuentra. Procuraré, una vez más, publicar más entradas: todavía sé de muchas cosas que pienso les gustaría conocer.

Les saludo muy cordial y afectuosamente.

domingo, 24 de diciembre de 2017

LA PEREGRINACIÓN (Villancico) - ARIEL MARTÍNEZ - FÉLIX LUNA




Cuando yo era muy jovencito tocaba la guitarra, en aquella época igual valía para un roto que para un descosido. Cantaba en un coro, y por estas fechas hacíamos unos cuantos conciertos de Navidad. No recuerdo qué año quisimos montar el célebre villancico «La Peregrinación», con música de Ariel Martínez y letra de Félix Luna. Hacía falta una guitarra o dos, bueno, pues allí estaba yo, para lo que hiciese falta, tendría catorce o quince años.

Esta noche es Noche Buena, claro, y por eso vengo yo con lo que vengo. Este villancico no está mal, tanto la música como el texto tiene su aquello. La música está basada en la célebre serie de quintas (con séptimas) pero con algún acorde cambiado con bastante acierto. La letra tampoco está mal, basada en el pasaje de la Biblia, Lucas 2:4–7:

«Y también José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para inscribirse junto con María, desposada con él, la cual estaba encinta. Y sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito; le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.»

En la recreación de Félix Luna, María y José son unos sin techo. Es un texto que resulta muy fácil relacionarlo con el terrible drama actual de la migración, tan fácil que casi da apuro, pero tampoco se puede obviar. Dice el texto: «con un dios escondido, nadie sabía…», bueno, y al parecer, seguimos sin saber…

A la huella, a la huella,
José y María,
Por las pampas heladas,
Cardos y ortigas.

A la huella, a la huella,
Cortando campo,
No hay cobijo ni fonda,
Sigan andando.

Florecita del campo,
Clavel del aire,
Si ninguno te aloja
¿Adónde naces?

¿Dónde naces, florcita?
Que estás creciendo,
Palomita asustada,
Grillo sin sueño.

A la huella, a la huella,
José y María,
Con un dios escondido,
Nadie sabía ...

A la huella, a la huella,
Los peregrinos,
Préstenme una tapera,
Para mi niño.

A la huella, a la huella,
Soles y lunas.
Los ojitos de almendra,
Piel de aceituna.

¡Ay burrito del campo!
¡Ay buey barcino!
¡Que mi niño ya viene!
¡Háganle sitio!

Un ranchito de quincha,
Sólo me ampara,
Dos alientos amigos,
La luna clara.

A la huella, a la huella,
José y María,
Con un dios escondido,
Nadie sabía ...


La letra de Félix Luna, como han podido comprobar, es muy bonita, muy dulce, con un borriquillo bien cargado de ternura.



Volviendo a mis años mozos…, la versión que interpretábamos tenía una introducción a cargo de dos guitarras. He estado buscando esa misma versión por la vasta red y lo más aproximado que he encontrado ha sido esta transcripción para guitarra sola de Jorge Cardoso interpretada por el guitarrista coreano Yoo Sik Ro. Más o menos así sonaba aquella introducción que yo tocaba:

  
Pero no he encontrado una versión plenamente satisfactoria de este villancico. Aquí podemos escuchar al Angel City Chorale dirigido por Dan Barnett, con un solista de natural y bella voz llamado Jimmer Bolden; la versión no está nada mal, ni la interpretación, lo que no entiendo es por qué tienen que meter instrumentos electrónicos cuando con un par de guitarras es como es y queda la mar de bien, pero bueno:


Y, por último, la versión que más me satisface, aunque se aleje infinitamente de aquella que interpreté en mi mocedad, la que nos ofrecen los inefables King's Singers, magnífica y sorpredente. Con ella me despido, les deseo una Feliz Navidad, y a ver si nos vamos enterando…

miércoles, 13 de diciembre de 2017

CHARLES BUKOWSKI - HUGO WOLF


 Charles Bukowski

Henry Charles Bukowski fue un poeta y escritor estadounidense de adopción que vivió entre 1920 y 1994. Se le considera uno de los escritores más representativos del llamado «sucio realismo», del cual vamos a ver a continuación una pequeña y elocuente muestra: cuando Hugo Wolf enloqueció. Vivió de muy mala manera, trabajando en mil empleos, con una contumaz e inveterada, profunda entrega a la bebida. De talento innato, su formación se puede considerar autodidacta. Hay muchísima información sobre su vida en Internet, por lo que no hace falta que me extienda. Le gustaba escuchar música clásica por la radio, mientras escribía o pasaba el tiempo en las incontables pensiones de mala muerte que habitó a lo largo de su vida. Qué, o cuánto, sabía Bukowski sobre Hugo Wolf, cuánto le gustaba su música, poco o nada sabemos.
Hugo Wolf

Hugo Wolf fue un compositor austriaco cuya obra es imprescindible dentro de la evolución del Lied o canción de concierto. Nació en 1860 en el entonces Imperio austrohúngaro y murió en Viena en 1903. Su carácter fue siempre, por un lado, rebelde y, por otro, depresivo. Y, en efecto, tal como titula el poema de Bukowski, pasó los últimos años de su vida internado en una institución, enfermo de una cruel demencia probablemente debida a la sífilis que padecía desde muy joven.  Escribió casi con exclusividad canciones de concierto, en torno a trescientas. Resulta curioso el hecho de que su vida inspiró a Thomas Mann para crear su personaje Adrián Leverkun, protagonista de la novela Doktor Faustus.

El poema que podemos leer a continuación proviene del libro de reciente publicación Bukowski esencial: poesía, editado y traducido por Abel Debritto y publicado por Visor Libros.


cuando Hugo Wolf enloqueció

Hugo Wolf enloqueció mientras se comía una cebolla
y componía su canción número 253; era un abril
lluvioso y las lombrices salían del suelo
canturreando Tannhäuser, y derramó la leche
sobre la tinta, y manchó de sangre las paredes
y aulló y rugió y gritó, y
al pie
de las escaleras la casera dijo, lo sabía, ese maldito hijo
de
puta ha perdido la chaveta, se la ha machacado con
su última composición
y ahora ya no cobraré el alquiler, y un
día será famoso
y lo enterrarán bajo la lluvia, pero ojalá que
dejara ahora mismo de gritar como un loco; no es más
que un mariposón de tres al cuarto
y cuando se lo lleven espero que
traigan a un pescador de fiar
o a un verdugo
o un vendedor de
panfletos bíblicos.

o0O0o

En ese «realismo sucio» arriba mencionado se podría decir que caben muchas cosas: exabruptos, palabrotas, exageraciones, maldiciones y juramentos, cosas todas ellas que a nadie hoy en día escandalizan de tan acostumbrados como estamos a escucharlas por todas partes y a todas horas. El talento de Bukowski estriba en no quedarse únicamente en el improperio: junto a esos recursos la poesía de Bukowski exhala complicidad, compasión, incluso ternura, y todo ello expresado de un modo elocuentemente poético:

era un abril
lluvioso y las lombrices salían del suelo
canturreando Tannhäuser, y derramó la leche
sobre la tinta, y manchó de sangre las paredes
y aulló y rugió y gritó

Por un momento Bukowski es el propio Wolf, que «aúlla» como un lobo herido, no olvidemos que la palabra «wolf» significa «lobo», tanto en alemán como en inglés. Bukowski sufrió, cuando todavía era joven, una grave hemorragia debida a una úlcera provocada por su alcoholismo, de la cual los médicos dudaban que saliese con vida; sin embargo, el escritor escapó del hospital, y a base de ir mezclando leche con vino fue retomando el hábito de la bebida que le acompañó hasta la muerte. También nuestro amigo Charles fue en infinidad de veces acuciado por los caseros exigiéndole el pago, siempre retrasado, del alquiler de los cuartuchos en los que vivió. Sangre, leche, tinta, apremiantes caseras, todo ello compartieron ambos autores.

El Lied de Hugo Wolf que les propongo escuchar es el titulado Wenn du mich mit den Augen, lo cual, en realidad, no es un título sino sólo un fragmento del primer verso, y que significa algo así como «Cuando me roza tu mirada». Este Lied forma parte del ciclo Italienischer Liederbuch (Cancionero italiano), que recibe este nombre por estar constituido por poemas populares italianos, anónimos, que fueron traducidos por Paul von Heyse (1830 - 1914), escritor, poeta y dramaturgo alemán, que por aquí no suena mucho, aunque le fuese concedido el Premio Nobel de Literatura en 1910. 

 
Paul von Heyse

El poema original italiano, anónimo, dice así, y aunque no dominemos ese idioma, si procuramos recitarlo, no podemos dejar de saborear su dulce musicalidad:

Quando incontri i miei occhi, e fai un riso,
E poi li abbassi, e pieghi il mento al seno,
Ti prego prima a darmene un avviso,
Perché in quel mentre io tenga il cuore a freno,
Perché in quel mentre io tenga a freno il cuore
Che mi vorrebbe uscir dal grande amore.
Perché in quel mentre io tenga il core in petto,
Che mi vorrebbe uscir dal gran diletto.

Von Heyse lo tradujo al alemán del siguiente modo:

Wenn du mich mit den Augen streifst und lachst,
Sie senkst, und neigst das Kinn zum Busen dann,
Bitt' ich, daß du mir erst ein Zeichen machst,
Damit ich doch mein Herz auch bänd'gen kann,
Daß ich mein Herz mag bänd'gen, zahm und still,
Wenn es vor großer Liebe springen will,
Daß ich mein Herz mag halten in der Brust,
Wenn es ausbrechen will vor großer Lust.

Como se puede comprobar, von Heyse ha mantenido las rimas con exactitud:

a-b-a-b / c-c-d-d

Una vez más agradezco de corazón a mi querido amigo Vladimir García, con quien siempre estaré en deuda, la traducción de este poema; sí, el otro día  tradujo para nosotros un poema Sara Teasdale del inglés; hoy nos brinda una maravillosa ayuda con el alemán.
                                                                                             
Cuando me rozas con tus ojos y ríes
Y luego los abates, bajando el mentón hacia tu seno,
Te pido que me des ya un claro signo,
Por que yo pueda dominar también mi corazón,
Que yo mi corazón domado quiero, manso y quieto,
Cuando él, de gran amor, quiere volar,
Que yo mi corazón quiero en mi pecho
Cuando él, de gran placer, quiere estallar.

Es interesante escuchar este Lied cotejando el texto original con su traducción, para así casi entender simultáneamente a su audición el bello poema:
Se han grabado bastantes versiones de este Lied. Pero disponiendo de la de Dietrich Fischer-Dieskau acompañado por Gerald Moore no resulta demasiado necesario escuchar ninguna otra. Fischer-Dieskau, una vez más, demuestra que todo lo que canta lo convierte en oro, y al lado de esta versión todas las demás palidecen. El poderoso timbre de su bellísima voz, tan rico en matices, junto con su magistral interpretación, nos deja sin aliento. Es admirable el modo con el que pronuncia cada una de las palabras dependiendo de su significado y contexto. El buen hacer del gran Gerald Moore está, sin duda, a la altura del cantante.


La música de Hugo Wolf es, a menudo, difícil de entender en una primera audición por sus complejidades armónicas. No ocurre así con este Lied que he escogido para ustedes, Lied de una rara belleza, exuberante y conmovedora, con una melodía bella de principio a fin, al menos, así a mí me lo parece. No obstante, puede ser útil para encontrar su recóndita bella escucharlo unas cuantas veces, tanto observando el texto como prescindiendo de su lectura.